MARCELO BÁTIZ - AGENCIA DYN

BUENOS AIRES.- La combinación de hechos que rodean a la escasez de dólares, la suba del paralelo y las expectativas de un alza mayor, anticipan un panorama nefasto para el próximo gobierno. Y a juzgar por las señales de insólita tranquilidad que dan los principales candidatos a suceder a Cristina Fernández, los riesgos se potencian.

Luego de 13 años de un dólar que viene perdiendo la carrera con la inflación, la competitividad de la mayoría de las economías regionales está seriamente jaqueada. Pero esta versión de “tablita” del siglo XXI no viene sola. Desde el plano externo, el fortalecimiento del dólar se replicó con devaluaciones del real, el euro, el rublo y el yuan. La masividad de esa depreciación dejó más en evidencia la apreciación del peso y, en simultáneo, la tozudez de un Gobierno que critica a Martínez de Hoz y Cavallo pero en los hechos los imita, al menos en cuanto a paridad cambiaria se refiere.

La política del Banco Central de vender divisas a razón de U$S 50 millones diarios para evitar una disparada de su cotización, es una muestra de que al Gobierno no le disgusta la actual encerrona. O quizás, como aprendices de brujo que son, no sepan cómo salir de la trampa que ellos mismos diseñaron. Mientras se debate en torno del verdadero nivel de las reservas de libre disponibilidad y se lanzan especulaciones sobre cómo se pagará el Boden 2015, solo hay una certeza: la Argentina cerró todas las vías de ingreso de divisas. Según Moody’s, es el único país relegado a la calificación de “default selectivo”. En consecuencia, el acceso al mercado de capitales está vedado.

A los tumbos, esa falencia se venía cubriendo con los dólares del superávit comercial. Pero en ese aspecto, las noticias parecen ser peores que en el flanco financiero. En julio el saldo comercial tuvo su vigésimo primera caída consecutiva, con un derrumbe del 75% interanual. Hace más de cuatro años, el entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, anticipó la situación actual de un modo casi profético a un grupo de militantes: “si este año tenemos un superávit comercial de entre U$S 10.000 millones y U$S 12.000 millones, el show puede continuar. Si estamos debajo de 10.000 millones, vamos a estar complicados y si llegamos a estar debajo de los 6.000, olvídense”, dijo Moreno en enero de 2012. Quizás sin prever que en 2015 el superávit no va a llegar ni a la mitad de esa hipótesis de mínima. Con la perspectiva que da casi un lustro, los intentos de solución al problema que buscó el Gobierno no pudieron ser peores. Las palabras de Moreno fueron posteriores al inicio del cepo de octubre de 2011 y previas a las restricciones comerciales de las DJAI de febrero de 2012. Los resultados de esas dos medidas son conocidos, pero el bombardeo informativo ha llevado a perder su real dimensión: las reservas internacionales cayeron U$S 14.000 millones a pesar de la inyección de yuanes derivados del swap con China y el comercio exterior muestra caída tras caída: Ese 2012 fue mejor a lo esperado por Moreno, con un superávit comercial de 12.690 millones. Los magros 8.005 millones de 2013 supusieron una caída del 36,9%. En 2014 el saldo favorable se redujo a 6.686 millones y en siete meses de 2015 a apenas U$S 1.437 millones, 65% menos que el año anterior. Para encontrar las razones de semejante caída, a las torpezas en el manejo del comercio exterior hay que sumarle la “guerra de monedas” en la que el fortalecimiento del dólar trajo aparejada la baja de los precios de las commodities.

Los técnicos que quedan en el Indec lo explican así: si entre enero y agosto de este año “se hubiesen registrado los mismos precios que en el acumulado a los siete meses de 2014 el saldo comercial hubiese sido de U$S 4.584 millones. Bajo este supuesto el país tuvo una pérdida en los términos del intercambio de U$S 3.530 millones”. El cálculo estadístico no puede reemplazar al análisis de política económica, que le pregunta a los funcionarios del Gobierno: ¿qué hicieron con el superávit comercial cuando los términos del intercambio eran favorables? Las proyecciones para todo 2015 no pueden ser más catastróficas: 80% de caída del superávit comercial en cuatro años. A los que creen que este modelo tiene posibilidades de continuidad, Moreno ya les contestó con anticipación: Olvídense. El show no puede continuar.